Descripción
Tres monumentos renacentistas en el corazón del centro histórico: la Catedral donde Diego de Siloé redefinió la arquitectura española, la Capilla Real con los féretros de los Reyes Católicos en su cripta original, y el Monasterio de San Jerónimo — panteón del Gran Capitán y la obra cumbre de Siloé.
Cuando los Reyes Católicos entraron en Granada el 2 de enero de 1492, la ciudad árabe más importante de Europa occidental pasó a manos castellanas. El programa arquitectónico que siguió no fue solo urbanístico: fue una declaración de poder e identidad. La Capilla Real fue el primer encargo — mausoleo personal de Fernando e Isabel, terminado en 1517, cuatro años después de la muerte de ella. La Catedral empezó como gótica, como todas las catedrales de la Reconquista, pero en 1528 llega Diego de Siloé con algo radicalmente nuevo: la planta centralizada de influencia romana paleocristiana, la cúpula en la cabecera, la luz como protagonista. Es el momento en que España abraza el Renacimiento italiano sin imitarlo — lo transforma. El Monasterio de San Jerónimo es el tercer vértice de este triángulo y el menos frecuentado: aquí está enterrado Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, el general que ganó el Reino de Nápoles para la Corona española. Su viuda pagó la obra final del convento a cambio de ese enterramiento. Siloé también trabajó aquí. Tres monumentos, un mismo arquitecto como hilo conductor, y el momento exacto en que Granada pasó de ser la última capital nazarí a convertirse en ciudad imperial española.

